Jabbour: China reposiciona el socialismo como poder
El economista afirma que el marxismo es «la ciencia del poder político» y sostiene que la experiencia china debe entenderse desde la perspectiva de la soberanía.

Brasil 247
El economista Elias Jabbour declaró que la China contemporánea debe entenderse como la principal expresión histórica de una teoría del socialismo adaptada a nuestro tiempo, basada en el poder político, la planificación económica y la soberanía nacional.
Esta valoración se presentó en una entrevista concedida al periodista Breno Altman en el programa «20 Minutos» de Opera Mundi, el 25 de marzo de 2026, con motivo del lanzamiento del libro «Poder y socialismo», escrito en colaboración con Roland Boer.
A lo largo de la conversación, Jabbour argumentó que el centro del debate sobre el socialismo no reside en abstracciones morales ni en listas formales de requisitos, sino en la cuestión concreta de quién ejerce el poder y en favor de qué base material opera dicho poder. En su formulación, la experiencia china reposiciona el socialismo «en el terreno estratégico», no solo como un ideal, sino como una capacidad real para organizar el desarrollo.
Marxismo, poder político y la centralidad del Estado
Al presentar la tesis central de su nuevo libro, Jabbour fue directo al definir el punto de partida de su interpretación: «Para nosotros, el marxismo es la ciencia del poder político». Según él, esta ciencia se desarrolla a partir de dos dinámicas simultáneas: la experiencia histórica de los partidos comunistas en el poder y la lucha de los pueblos en sus realidades nacionales concretas.
En opinión del economista, el poder político no es un elemento secundario ni un detalle institucional. Por el contrario, expresa una base material y determina la capacidad de dirigir la sociedad. Por lo tanto, Jabbour insistió en que «sin poder político, no existe absolutamente nada».
Basándose en esta interpretación, argumentó que China debe analizarse como un experimento histórico en el que el poder político es ejercido por un bloque histórico liderado por el Partido Comunista, basado en formas de propiedad no privadas y en una estrategia de desarrollo nacional socialista.
Para Jabbour, este punto es crucial porque, según él, nos permite escapar de las interpretaciones superficiales de China. En lugar de limitarnos a observar la presencia del mercado o de las empresas privadas, propone investigar quién controla el curso de la acumulación, la inversión y la producción.
China, el socialismo y el desarrollo de las fuerzas productivas
Uno de los temas principales de la entrevista fue la idea de que el socialismo debe entenderse históricamente. Jabbour argumentó que, en sociedades atrasadas o devastadas, la construcción socialista requiere, sobre todo, el fortalecimiento de las fuerzas productivas.
Al recordar la conocida fórmula de Lenin: «el poder de los soviets más la electrificación», sostuvo que el desarrollo material no es una desviación del socialismo, sino una condición para su propia existencia. En sus palabras, «sin él no hay felicidad», refiriéndose a la base productiva necesaria para garantizar el bienestar, la infraestructura y los servicios públicos.
En este punto, Jabbour recurrió a datos históricos para ilustrar la transformación china. Recordó que China en 1949 era, según su descripción, uno de los países más pobres del mundo, con una esperanza de vida muy baja, una alta tasa de analfabetismo y profundas señales de subdesarrollo.
En su opinión, el salto a una potencia que hoy compite en la cuarta revolución industrial solo puede entenderse por la capacidad del Estado y del Partido Comunista para organizar el desarrollo a gran escala.
Refutando las interpretaciones que clasifican a China simplemente como capitalista, argumentó que las formas no privadas de propiedad siguen siendo fundamentales para el proceso de acumulación y que el país inauguró un tipo particular de desarrollo liderado por el Partido Comunista.
El criterio para definir el socialismo
Cuando Breno Altman le preguntó cuál sería el criterio para definir si un país es socialista o no, Jabbour respondió enfáticamente: «Para mí, es el poder político». Repitió esta idea varias veces a lo largo de la entrevista.
Según el economista, el poder político es el núcleo de la definición porque siempre se sustenta en una base material específica. En la esclavitud, explicó, el monopolio sobre el esclavo determinaba el poder. En el feudalismo, el monopolio sobre la tierra. En el capitalismo, el capital. En el socialismo, por lo tanto, la clave reside en saber si el poder político se fundamenta en formas de propiedad no privadas y si orienta a la sociedad hacia una estrategia socializadora.
Aun así, reconoció que el problema no puede abordarse de forma simplista. Al analizar en detalle, como él mismo dijo, resulta necesario observar si este poder se basa en la propiedad pública, colectiva, partidista u otras formas no privadas capaces de sustentar una trayectoria distinta a la del capitalismo.
Gobernanza china y la idea de democracia iliberal
Otro punto central de la entrevista fue la descripción de la gobernanza china. Jabbour afirmó que una de las contribuciones más importantes de Poder y Socialismo reside precisamente en el esfuerzo por explicar cómo se toman las decisiones en China y por qué, en su opinión, el país está construyendo una forma de democracia iliberal.
Rechazó la interpretación de que China sea simplemente una dictadura o un régimen impulsado por el culto a la personalidad. En cambio, argumentó que existen mecanismos de participación y deliberación estructurados desde aldeas, pueblos y barrios, que se extienden a niveles superiores del Estado.
Al explicar esta estructura, Jabbour afirmó que el nivel más bajo de representación es la manzana, con representantes elegidos localmente. Desde allí, el sistema asciende indirectamente a niveles más amplios, hasta la Asamblea Popular Nacional. Según él, los parlamentarios no son políticos profesionales y mantienen fuertes vínculos con sus electores.
En la entrevista, declaró: «China está logrando implementar un sistema de representación que me resulta muy interesante estudiar». También destacó que las redes sociales y las presiones de la vida cotidiana han amplificado el poder de los barrios y las aldeas, situando demandas concretas en el centro de la política nacional.
Trabajo a través de aplicaciones, presión social y capacidad de respuesta del sistema
Para ejemplificar este proceso, Jabbour citó el reciente debate sobre las condiciones laborales de los repartidores a través de aplicaciones en China. Según él, las quejas difundidas en las redes sociales tuvieron suficiente repercusión como para llegar a los niveles más altos del poder, influyendo en los debates del Congreso Nacional del Pueblo y generando nuevas normas para aumentar la protección de estos trabajadores.
El economista argumentó que este episodio revela una gobernanza «sensible a los deseos de la sociedad». En su opinión, China no puede entenderse únicamente a través de las categorías liberales clásicas, porque allí opera una estructura política diferente, moldeada tanto por la lucha antiimperialista como por sus propios mecanismos de participación y supervisión.
Jabbour también llamó la atención sobre el papel del Partido Comunista como órgano de supervisión del Estado. Según él, el partido controla al Estado, y no al revés. Por lo tanto, el sistema político chino implicaría la cooperación multipartidista bajo la dirección estratégica del Partido Comunista.
Partido Comunista, empresas privadas y lucha de clases
Uno de los momentos más contundentes de la entrevista fue la defensa de la existencia de una lucha de clases real e intensa en la China contemporánea. Jabbour rechazó la tesis de que la burguesía china sea la clase dominante, y que el Partido Comunista actúe únicamente como líder político de sus intereses.
Por el contrario, afirmó que el bloque gobernante histórico representa los intereses generales de la sociedad y que el conflicto con los empresarios privados, millonarios y multimillonarios es permanente. En sus palabras: «Hay lucha de clases en China, total, absoluta e incluso violenta».
Como ejemplos, citó la huida de multimillonarios tras cambios regulatorios más estrictos, la pérdida de activos por parte de grandes fortunas y la obligación de las empresas privadas de dirigir las inversiones a áreas estratégicas, incluso sin garantía de ganancias inmediatas.
También hizo hincapié en la creciente presencia del Partido Comunista y del Estado en la estructura accionarial de las empresas privadas, así como en la necesidad de supervisión del partido en las grandes corporaciones. En opinión del economista, esto refleja un avance del sector público sobre el privado y la formación de nuevas formas históricas de propiedad.
Acciones de oro, grandes tecnológicas y el avance del Estado
Al comentar la dinámica reciente de la economía china, Jabbour afirmó que el Estado y el Partido Comunista han estado ampliando su capacidad de intervención directa en el sector privado. Mencionó el uso de mecanismos como las acciones de oro en grandes empresas, incluidas las tecnológicas, para garantizar una influencia decisiva en asuntos estratégicos.
Su interpretación es que China está experimentando un movimiento en el que la microeconomía de las empresas se subordina cada vez más a la contabilidad social. En otras palabras, las decisiones empresariales se condicionan cada vez más a las prioridades colectivas, nacionales y estratégicas definidas políticamente.
Este punto resurgió cuando Breno Altman preguntó si, ante un conflicto entre los accionistas privados y la orientación del Partido Comunista, prevalecería la determinación del partido. La respuesta de Jabbour fue directa: «El partido manda».
El concepto de «economía de proyectos»
Uno de los conceptos más discutidos en la entrevista fue el de «economía de proyectos», formulado por el economista brasileño Ignácio Rangel y retomado por Jabbour y Rolland Boer en su nuevo libro.
Según Jabbour, se trata de una economía en la que la propiedad pública a gran escala de los medios de producción y un sofisticado aparato informativo permiten la coordinación de proyectos a gran escala, armonizando las estructuras de costos y beneficios en aras de un mayor bienestar social.
Para él, la economía de planificación representa una etapa en la que la microeconomía se ve absorbida por la macroeconomía o, en sus términos, por la contabilidad social. El objetivo deja de ser simplemente el beneficio privado inmediato y se convierte en la producción a gran escala de bienes públicos, infraestructura, movilidad, energía, servicios y bienestar.
Aplicando este concepto a China, Jabbour argumentó que el país ya presenta características de este tipo de economía, especialmente en la coordinación entre empresas públicas y privadas e instrumentos estatales en proyectos estratégicos nacionales.
Infraestructura, bienes públicos y una nueva medida de riqueza
A lo largo de la conversación, Jabbour insistió en que China ha dejado de ser una economía centrada únicamente en la producción de bienes y se ha convertido cada vez más en una economía orientada a la construcción de grandes bienes públicos.
Citó como ejemplos los aproximadamente cincuenta mil kilómetros de trenes de alta velocidad, la expansión del metro en ciudades como Shanghái, las grandes inversiones en energías renovables y el uso de la tecnología digital para aumentar la capacidad de previsión y coordinación de la economía.
En este contexto, el economista revivió la noción de «utilidad per cápita», asociada a Ignacio Rangel. En lugar de medir únicamente el ingreso monetario, la idea sería medir cuánto puede beneficiarse cada persona de los bienes y servicios públicos que mejoran la calidad de vida.
Para Jabbour, este tipo de transformación ayuda a explicar por qué China logró combinar crecimiento, urbanización, reducción de la pobreza y expansión de infraestructuras de una manera que, según él, el capitalismo no ha podido lograr en países con grandes poblaciones.
Trabajo asalariado, plusvalía y críticas a Fernando Haddad
En la entrevista, Breno Altman reiteró la postura del exministro Fernando Haddad, quien en una conversación anterior en el mismo programa había clasificado a China como un nuevo tipo de capitalismo por mantener el trabajo asalariado, la ley del valor y la plusvalía.
Jabbour discrepó completamente. Para él, el problema no radica en la mera existencia del trabajo asalariado, sino en quién se apropia de la plusvalía y con qué fin. Su respuesta se resumió así: «La contradicción no está en la existencia del trabajo asalariado».
Según el economista, la apropiación de la plusvalía en China se produce predominantemente de forma pública y revierte en la sociedad en forma de bienes públicos, infraestructura, capacidad estatal, defensa, ciencia, tecnología y políticas de bienestar. Por lo tanto, considera insuficiente definir el capitalismo únicamente por la presencia del trabajo asalariado.
Jabbour también afirmó que la tendencia histórica china es la de una progresiva absorción de la microeconomía por la macroeconomía, lo que modificaría el papel mismo de la ley del valor y profundizaría la orientación social de la plusvalía.
De la Revolución de 1949 a la «Nueva Era»
Otro eje importante de la entrevista fue la periodización de la experiencia china. Jabbour rechazó la idea de una ruptura absoluta entre la revolución de 1949 y la apertura iniciada en 1978.
Según él, no existe un «modelo chino» sin la revolución socialista. En sus palabras: «China solo existe gracias a la revolución socialista». En su opinión, el periodo comprendido entre 1949 y 1978 fue fundamental para la construcción de la base material, industrial, tecnológica y soberana, sin la cual la etapa posterior no habría sido posible.
A partir de 1978, afirmó, se llevaron a cabo nuevos experimentos orientados al desarrollo de las fuerzas productivas, con un mayor uso de los mecanismos de mercado, el capital extranjero, las empresas conjuntas y nuevas formas de propiedad. Aun así, los objetivos estratégicos se mantuvieron: fortalecer el país, desarrollar la base productiva y preservar la soberanía.
Jabbour también destacó 2017 como otro hito decisivo. Según él, a partir de ese momento, China comenzó a priorizar con mayor fuerza la distribución de las ganancias de productividad, la corrección de las desigualdades y el avance del sector público sobre el privado sobre nuevas bases.
Soberanía nacional y el Sur Global
En la parte final de la entrevista, el economista amplió el debate al Sur Global y a Brasil. Para él, el concepto de soberanía nacional debería orientar el pensamiento estratégico de la izquierda contemporánea.
Jabbour afirmó que sin soberanía no hay industrialización, democracia efectiva ni superación de la dependencia. Sostuvo, además, que la izquierda brasileña ha abandonado en gran medida la agenda de desarrollo nacional, sustituyéndola por agendas fragmentadas y desvinculadas de un proyecto nacional.
Si bien declaró no ver en el Gobierno del presidente Lula una «contradicción antagónica» que lo alejara de su bando político, criticó la baja inversión, el peso del trípode macroeconómico, la independencia del Banco Central y el marco fiscal como limitaciones para la reindustrialización brasileña.
En este pasaje, defendió la necesidad de reconstruir una mayoría política en torno a un nuevo proyecto de desarrollo nacional, inspirado en experiencias capaces de articular soberanía, planificación y transformación estructural.
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