El País y los seis presos de ETA de Nanclares de Oca

Los terroristas de ayer, ahora son disidentes…

J.M. Álvarez

Reporta el diario El País, lo siguiente: “Seis presos de ETA, que cumplen condena en la prisión de Nanclares de Oca (Álava), algunos de ellos con muchos asesinatos a sus espaldas, han anunciado su “desvinculación por voluntad propia” de la banda terrorista, según se recoge en una carta a la que ha tenido acceso El País. La decisión de este grupo de disidentes (…) coincide con “la dinámica de lucha” a modo de huelga de hambre que el sector duro del colectivo de presos de la banda terrorista (EPPK) mantiene desde el lunes en las cárceles españolas (…)”.

Y continúa: “Estos nuevos disidentes con ETA son Fernando de Luis Astarloa, Josu García Corporales, Luis María Lizarralde Izagirre, Andoni Altza Hernández, José Manuel Fernández de Nanclares y José Antonio Hernández Velasco, todos ellos cumpliendo diferentes condenas en la prisión alavesa por pertenencia a ETA y por numerosos atentados con casi dos decenas de muertos y heridos (…).”

Hay dos detalles significativos en la información, dejados caer como si tal cosa, que tienen su importancia.

Los terroristas de ayer, ahora son disidentes. Levanta suspicacia el giro retórico de un periódico que utiliza, hasta el hartazgo, el primero de los calificativos contra cualquiera que se enfrente al sistema.

Los presos citados, están en una cárcel situada en Euskal Herria. La estrategia del Estado, bien conocida por todos, consiste en recluir a los miembros de esa organización, en prisiones situadas a más de mil kilómetros de su tierra de origen (así están la mayoría); una condena añadida, no dictada por juez alguno, que purgan también sus familiares, pese a no ser culpables de nada.

El hecho de que El País llame disidentes a los reclusos en cuestión, y ni siquiera mencione por qué y desde cuándo fueron agrupados en Nanclares de Oca, indica que hay gato encerrado, un gato con zarpas, sí, pero necesitado de utilizar toda clase de artimañas con el fin de ocultar su impotencia para resolver el conflicto vasco, manu militari.

La flaqueza es evidente. El Estado, a través del mediocre y “talentoso” Zapatero, ha iniciado una gigantesca maniobra propagandística destinada a enajenar mentes, con el objetivo de que la clase obrera pague los platos rotos de la bancarrota. Quien recurre al embuste masivo, no puede alardear de fortaleza. Si le sobra algo, será temor y debilidad.

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